La Caballería Medieval

 

Entre los años 700 y 1000 se crearon en Europa fuerzas de caballería para oponerse a las invasiones de los musulmanes, vikingos y magiares. En el siglo XI la aristocracia de las tierras comprendidas entre el Loira y el Rin adoptó de forma generalizada un entrenamiento y tácticas a caballo, al igual que adoptaron el feudo y el vasallaje propios del feudalismo. El término francés chevalier (jinete), adquirió una connotación honrosa y la palabra inglesa knight, vino a tener el mismo sentido. El carácter y los ideales de la caballería adquirieron una mística tal, que combinaba las cualidades aristocráticas, las virtudes cristianas y el amor cortés femenino. El caballero ideal, debía ser un hombre valeroso, leal y generoso, como los héroes de la poesía épica. A los ojos de la Iglesia, debía poner su espada al servicio de la pobreza y de la necesidad y, especialmente, al servicio de las Cruzadas a Tierra Santa. Los romances franceses y las canciones de gesta cantadas por los trovadores reflejan esta ética caballeresca.

 

La profesión de caballero, se aprendía mediante la instrucción desde muy corta edad. A los siete años un niño era enviado a vivir a la residencia de un caballero; allí servía como paje hasta su pubertad, momento en que se convertía en escudero y servía a su señor en el campo, al tiempo que aprendía la destreza militar. En el siglo XII, se convertía en caballero cuando su maestría en las armas era reconocida por otro caballero, el cual le daba un fuerte golpe con su puño o con el plano de la hoja de una espada y le llamaba señor caballero. En el siglo XIII se otorgaba la dignidad de caballería con un ritual más complejo. La Iglesia pedía al escudero que consagrara su armadura en el altar, que pasara la noche previa en vela orando y en ayuno, y que tomara un baño ritual antes de vestirse. Tenía entonces que presentarse para ser armado caballero por otro de rango elevado, tras lo cual, a veces, tenía lugar un torneo y una fiesta.

 

La Caballería medieval provoca un fuerte movimiento literario, conocido como “Literatura Cortesana” que nacería hacia el año 1150. Chrétien de Troyes habría sido el primero en recopilar leyendas caballerescas y escribirlas. Su libro más famoso se llamó “El cuento del grial”, y se caracteriza por ser el primer texto que plasma en papel leyendas como el Rey Arturo (Artús), Láncelot y el Santo Grial.

 

Chrétien de Troyes destaca los valores del Caballero. Siendo la honestidad, la valentía, la hermosura y la cristiandad las características esenciales del Caballero, sin embargo Chrétien se limita a relatar las aventuras de su Héroe, Perceval. A su muerte Wolfgang Von Eschenbach escribe un texto llamado “Perceval” (Persifal) relato caballeresco con las mismas características, pero hace referencias a los Templarios, a los que menciona como Caballeros Templer, los encargados de proteger el grial.

 

Entre los años 1275 y 1276 el Mallorquín Ramón Llull (1235–1315), basándose en la literatura cortesana, escribió un texto llamado “Libro de la Orden de Caballería” en la cual se preocupa por establecer, en una especie de tratado, los deberes principios y valores de la Orden de Caballería.